La noche de Han Bennink

Por Oscar Adad 

Ya se veía venir: desde la conferencia de prensa el legendario baterista holandés, con su espontaneidad y sentido del humor, se echó literalmente a la bolsa a los reporteros allí reunidos. Han Bennink, el batería que lo mismo toca en el piso, sobre bolas de queso y que ha compartido escenario con músicos de la talla Eric Dolphy, Derek Bailey, Steve Lacy, Peter Brötzmann, entre muchísmos otros, encendía así la mecha de lo que sería su primera presentación en México.

Foto: Cortesía Festival Radar

Foto: Christian Legorreta/Festival de México

En lo personal este era uno de los conciertos más esperados por un servidor. El simple hecho de saber que Han Bennink pisaría tierras mexicanas era ya histórico y motivo suficiente para estar a la expectativa. Han es el baterista más creativo, técnico e irreverente que ha parido Europa y, por si fuera poco, el resto del ensamble estaba conformado por verdaderos francotiradores de la música improvisada: Ray Anderson, trombón; Marc Ribot, guitarra; y Greg Cohen, contrabajo.

Fiel a su costumbre, Bennink es el primero en tomar la batuta de la situación: se sienta en el banquillo de su batería, da un golpe al bombo y es ahí donde da inicio el concierto. Por su parte, Ribot, Cohen y Anderson, con cautela, empiezan a subirse al tren del holandés y a calentar motores. Se notaba que era la primera vez que accionaban juntos.

Foto: Benedicte Desrus

Foto: Benedicte Desrus/Festival de México

Las piezas se acomodaban y con ello llegó el suceso clave que marcaría prácticamente el rumbo de las cosas: casi al inicio del show, Ray Anderson y Marc Ribot introdujeron Tequila, composición de Chuck Río que rápidamente elevó la temperatura del teatro. A partir de ahí se dio un concierto festivo donde la improvisación, los grooves, los standards y el sentido del humor hacían que el público se involucrara cada vez más.

 Ray Anderson manejaba con maestría el trombón, Greg Cohen confirmaba su estatus del guardaespaldas perfecto, Marc Ribot insistía en ser el más estucturado e incrédulo de la banda, mientras que Han Bennink mostraba detrás de los tambores el por qué es considerado una leyenda viviente. No en vano el crítico Neil Tesser dice que Bennink toca la batería “con la precisión de un cirujano y la desinhibición de un lunático”. Y es que el holandés, a pesar de su larga carrera en la música, continúa tocando con una energía de verdad arrolladora, gran técnica y espontaneidad envidiable, tan es así que no le bastó el set normal de batería y en par de ocasiones lo dejó para percutir el piso y sus zapatos.

 

Foto: Benedicte Desrus

Foto: Benedicte Desrus/Festival de México

Así como a los reporteros, Han Bennink se echó a la bolsa a los asistentes al Teatro de la Ciudad. El Han Bennink que tocó para los fotógrafos un improvisado set encima de un cenicero en una calle de la Zona Rosa; el Han Bennink que le divierte más tocar cualquier otro objeto que una batería convencional; el Han Bennink que celebraba con los brazos en alto al finalizar el concierto; el Han Bennink que dice que la mítica sesión del álbum Machine Gun ha sido la peor de su vida, estuvo en nuestro país para obsequiarnos una noche inolvidable…la noche de Han Bennink.

One Comment to “La noche de Han Bennink”

  1. andreish 7 April 2009 at 2:50 am #

    La música no se admira sólo por las notas que emanan de los instrumentos, la personalidad de quienes las interpretan es parte fundamental. Han Bennink, ejemplo de ello. La reseña hace que me arrepienta de no haber asistido al concierto. Oish.